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Abril: la nutritiva jibia

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Jibias del Levante AlmerienseJIBIA, sepia, choco… Todos conocemos a este riquísimo cefalópodo que este mes de abril se convierte en el protagonista de Sabor a mar. En su tinta, a la plancha, a la romana, en arroces, en calderetas, con alioli… nos gusta de todas las maneras, y por eso desde Sabor a mar queremos que conozcáis con más detalle cómo es la JIBIA del LEVANTE ALMERIENSE. Nutricionalmente aporta vitaminas tipo D y B, hierro, calcio, potasio y fósforo, minerales y proteínas con un alto valor biológico. Su contenido en grasas es bajo y su nivel de colesterol es inferior al del calamar. La JIBIA es uno de los productos más demandados entre los mariscos, moluscos y crustáceos frescos, debido a su sabor, al hecho de que es asequible y a que se encuentra en el mercado durante todo el año procedente de diversos lugares.

Su cuerpo es de mediano tamaño, ancho, oval, aplanado, con una longitud media de entre 20 y 40 centímetros. Posee colores variables del grisáceo pálido al marrón oscuro o pardo. Cuenta con ocho brazos y dos tentáculos más largos y con ventosas que usa para capturar a sus presas y para reproducirse. Se desplaza gracias a las dos aletas que recorren todo su cuerpo, y mediante la emisión de un chorro de agua a presión a través de una abertura corporal situada detrás de la cabeza. A través de ésta despide un chorro de tinta que le permite oscurecer el agua y evadirse de sus enemigos.

Puede vivir en diversas profundidades y tiene una gran capacidad de adaptación a zonas arenosos, rocosas e incluso en praderas de algas como la Posidonia oceánica. La JIBIA es carnívora y se alimenta de gambas, cangrejos y pequeños peces.

Pesca en el Levante Almeriense

Nasas, trasmallos y redes de arrastre son las principales artes de pesca empleadas para su captura, así como otros aparejos artesanales. En Cabo de Gata, en pleno LEVANTE ALMERIENSE usan las jibieras, un arte de pesca artesanal de fondo de forma rectangular que se cala cerca de la costa en fondos poco profundos.

CURIOSIDADES

  • La JIBIA es un depredador que se camufla entre la arena cambiando el color de su piel para sorprender a sus presas. Cuando éstas se aproximan lanza sus dos tentáculos para atraparlas con sus ocho brazos, las paraliza y las mata con un pico córneo que posee en la boca.
  • A diferencia de otros cefalópodos que mueren nada más desovar, la JIBIA hembra puede llegar a poner hasta 3.000 huevos a lo largo de su vida. Los huevos fecundados son del tamaño de una uva y son depositados sobre piedras o algas. La JIBIA los recubre de tinta para camuflarlos de los depredadores.
  • Un antiguo método de pesca de la JIBIA, hoy prohibido, era el denominado con reclamo. Se ataba una sepia hembra al extremo de un sedal, se tiraba al mar y se izaba cuando varios machos se abrazaban a ella. Actualmente se utiliza una figura con forma de sepia.

Ser redero, el otro oficio de la mar

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Alonso Vicente Fuentes es un redero del Puerto de Garrucha. Unido a la mar desde pequeño, heredó el gusto por este oficio a través de su padre y de su abuelo dedicados toda una vida a la pesca. Siempre supo que quería seguir relacionado con la mar y apostó por el cada vez más escaso oficio de redero. Un oficio imprescindible para lograr una pesca eficiente de la que dependen un gran número de familias del LEVANTE ALMERIENSE.

Alonso conoce y asume su responsabilidad como redero. “Siempre pienso en los hombres que van embarcados y si sus redes no cogen el pescado no pueden comer, ni ellos ni sus familias”, por eso afirma que “hay que esmerarse todo lo posible a la hora de remendar las redes para que todo vaya bien”.

En cuanto a su experiencia, Alonso admite que “aquí no hay libros por lo que se necesitan muchos años para aprender y todos los días surgen cosas nuevas y aprendes algo”. Explica como han cambiado los tiempos y es que si antes “se trabajaba con cáñamo y esparto, ahora empleamos plástico, poliuretano, nylon…”. En la actualidad “todo es más fácil, antes tenían que hacer toda la red, ahora nosotros solo le damos el diseño a las piezas que ya vienen hechas”, siguiendo las apreciaciones de “cada patrón, ya que cada uno lleva las redes de una manera diferente”.

Ser redero para Alonso es más que remendar redes y coser agujeros, es ayudar a las familias pesqueras del LEVANTE ALMERIENSE a conseguir más capturas y así mantener vivas las tradiciones de la mar.